Oscuridad post-parto
Despuès de darlo a luz, a su madre no le quedò nada radiante a que aferrarse. En lo que a èl respecta, el acto de nacer le llevó sus buenos treinta años. El acto de vivir se le agotò en el acto.
La verdadera crueldad
La verdadera crueldad de las espinas no reside en tenerlas sino en irlas perdiendo, dejàndolas prendidas en la azorada piel de quien tenga la osadìa de acercàrsenos.
Agua como luz
Al final de la laguna seca donde ya casi ni la vista alcanza, aparece un puntito luminoso que se va dilatando. Se va dilatando el puntito luminoso y usted entiende que a lo lejos, por las grietas de la tierra reseca, està surgiendo un destello plateado como agua para lavarlo/a. Agua mercurial rellenando las grietas para usted, para sus abluciones, agua para despegarle las costras de barro que se le han ido pegando con los años.
Las grandes lluvias no sirven para eso. Con las grandes lluvias la laguna sòlo se convierte en un gigantesco lodazal- màs barro para el propio barro- y usted descubre que nunca lloverà lo necesario para aplacar la inaplacable sed de las grietas. La tierra chupa hasta la ùltima gota de lluvia, la corrompe, y usted sabe que de arriba nunca caerà nada que limpie.
Entonces, si usted ya ha atravesado alguna vez la laguna seca hasta llegar al agua, si usted ya sabe de la risa cristalina del agua, podrà volver a hacerlo una vez màs y acercarse al puntito luminoso. En cambio si usted no tuvo antes el coraje necesario para atravesar la laguna seca, no podrà hacerlo ahora: la valentía es un hàbito.
Por Luisa Valenzuela, publicado en el Libro que no muerde (1980).
-----------------------------------------------------------------------------------------------------
Explosiòn
Caía a toda velocidad sin más resistencia que la del roce con el aire, quien la intentaba frenar, más que nada, para que no estrellara su belleza contra el frío pavimento.
Obcecada, adoptó su forma más aerodinámica. Mientras que el aire, firme en su empeño, provocó un viento lateral, un remolino y hasta una corriente ascendente.
Todos sus intentos fracasaron y aquella pequeña gota de agua, al llegar al suelo, explotó en mil nubes diferentes, tan cargadas y negras, que cubrieron el cielo durante los tres días que el sol necesitó para disiparlas.
El dinosaurio Chino
Por supuesto que no le sirvió de consuelo, pero no por ello le dejó de prestar atención al pensamiento que lo terminó de espabilar: “Por mal que me trate la vida, nunca será capaz de superar la crueldad de estas últimas cuarenta y ocho horas”.
Cuando abrió los ojos, el dinosaurio de polivinilo todavía seguía allí, con su mirada agresiva de iris estriados, dispuesto a despedazarle, todavía más, la moral y herirlo de realidad.
Estiró el brazo y lo estrujó lentamente contra su pecho, sintiendo cómo el juguete favorito de su único hijo, el último testimonio de doce años marcados por la felicidad que conservaba, lo devoraba con su recuerdo.
Oscuridad post-parto
Despuès de darlo a luz, a su madre no le quedò nada radiante a que aferrarse. En lo que a èl respecta, el acto de nacer le llevó sus buenos treinta años. El acto de vivir se le agotò en el acto.La verdadera crueldad
La verdadera crueldad de las espinas no reside en tenerlas sino en irlas perdiendo, dejàndolas prendidas en la azorada piel de quien tenga la osadìa de acercàrsenos.
Agua como luz
Al final de la laguna seca donde ya casi ni la vista alcanza, aparece un puntito luminoso que se va dilatando. Se va dilatando el puntito luminoso y usted entiende que a lo lejos, por las grietas de la tierra reseca, està surgiendo un destello plateado como agua para lavarlo/a. Agua mercurial rellenando las grietas para usted, para sus abluciones, agua para despegarle las costras de barro que se le han ido pegando con los años.
Las grandes lluvias no sirven para eso. Con las grandes lluvias la laguna sòlo se convierte en un gigantesco lodazal- màs barro para el propio barro- y usted descubre que nunca lloverà lo necesario para aplacar la inaplacable sed de las grietas. La tierra chupa hasta la ùltima gota de lluvia, la corrompe, y usted sabe que de arriba nunca caerà nada que limpie.
Entonces, si usted ya ha atravesado alguna vez la laguna seca hasta llegar al agua, si usted ya sabe de la risa cristalina del agua, podrà volver a hacerlo una vez màs y acercarse al puntito luminoso. En cambio si usted no tuvo antes el coraje necesario para atravesar la laguna seca, no podrà hacerlo ahora: la valentía es un hàbito.
Por Luisa Valenzuela, publicado en el Libro que no muerde (1980).
-----------------------------------------------------------------------------------------------------
Explosiòn
Cuando abrió los ojos, el dinosaurio de polivinilo todavía seguía allí, con su mirada agresiva de iris estriados, dispuesto a despedazarle, todavía más, la moral y herirlo de realidad.
Estiró el brazo y lo estrujó lentamente contra su pecho, sintiendo cómo el juguete favorito de su único hijo, el último testimonio de doce años marcados por la felicidad que conservaba, lo devoraba con su recuerdo.
Publicados por Javier Manrique en www.microrrelato.es
Para ver el voki con comentario crìtico ingrese aquì
Para ver el voki con comentario crìtico ingrese aquì
¡FE DE ERRATAS! El autor que firmaba como J. Manrique se llama Javier, no Jorge. Sepan disculpar el error, lo modificaré en el cuerpo del post pero no podré hacerlo en video voki.
ResponderEliminar¡Bien hecho! Buena justificación.
ResponderEliminarMe gustaría escuchar algo sobre los otros textos seleccionados