Los microcuentos, también llamados microrrelatos o minicuentos son textos que narran historias de forma condensada. Una de sus principales características es que estas historias dan un giro inesperado. En cuanto a su lectura es posible afirmar que constituye un ejercicio de interpretación de lo leído.
La estética de la recepción propone la comprensión de un texto a partir de las expectativas del sujeto que interpreta y del proceso de lectura, entendido como diálogo continuo con el receptor. Tanto Eco, con su concepto de lector modelo, como otros autores de esta estética suponen que, en el proceso de lectura, la interpretación de estos textos plagados de lugares de indeterminación, vacíos e incertidumbre propios de un diálogo se produce por la participación activa y protagónica del lector, por sus inferencias, hipótesis y por una experiencia que va generando expectativas que exigen completarse. El microcuento posee varias condiciones textuales que presuponen la participación de un lector competente que deberá ser capaz de desplegar estrategias cooperativas para comprender una situación narrativa incompleta, su final imprevisible y abrupto, sus personajes apenas presentados, su brevísima extensión y otras de las estrategias del emisor que pretenden desarrollar esta actividad cooperativa del receptor.
Un microcuento debe entenderse, entonces, como un diálogo de estrategias tanto del emisor como del receptor. El destino del lector es ir completando, casi lúdicamente, los espacios vacíos para llegar al cierre que se completa en la interpretación.
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